La Columna de Lina / 11Agosto 2010
Lina Bueno:
Hace unos días el Presidente Calderón puso en la mesa del debate la despenalización de las drogas como una posibilidad para combatir al crimen organizado en México. Junto con pegado, llegó al dialogo con los Medios de comunicación instando a sus directivos a cerrar filas en cuanto al combate mediático contra la delincuencia organizada que mantiene al filo de la navaja, la seguridad de éste país.
Pensaríamos que el agobio que empuja la reacción planteada en prospectiva, proviene de las estadísticas que registran casi 30 mil muertos desde que arribó Felipe Calderón al gobierno federal, pero de ninguna manera podría ser un justificante para tal lanzamiento a la mesa de las discusiones y, menos, cuando el razonamiento nos pone de frente a las tablas comparativas de otros países donde los frutos por estos “antídotos enmascarados de legaloides” no son precisamente los esperados en materia de combate a las organizaciones delictivas.
Es cierto que las cifras macabras dan cuenta de mas de 28 mil muertos en los actos violentos a lo largo y ancho del país desde que llegó el presente mandato, pero en contraparte no se dan a conocer las estadísticas de cuantos jóvenes y adolescentes mueren diariamente en las garras del vicio, Cuantos han dejado de lado sus estudios y han minimizado la importancia de una carrera profesional ante las “ventajas económicas” que les presentan los grupos delictivos y organizaciones criminales que logran llegar primero ante ellos, en vez de los programas de empleo y las oportunidades que bien podrían impulsar los planes de gobierno, esos mismos que ofertan en las etapas electorales.
Actualmente la Coparmex ha dado a conocer que en Mèxico existen 8 millones de jóvenes que ni estudian, ni trabajan, que sobreviven frente a un clima de incertidumbre y desesperanza, sin duda, presa fácil en los vericuetos de las truculencia y de las organizaciones criminales y de trafico de drogas. Que propuestas podría ofertarles el gobierno?, que planes de oportunidades o preparación de mano de obra para canalizar toda esa fuerza y energía de la que tanto se requiere en todos aquellos municipios y estados donde no se han logrado combatir los niveles de pobreza, pese a toda su riqueza natural?
Ahora los mexicanos estamos enfrascados en si es posible o no, llegar a la despenalización de las drogas; pero… en que términos?
-Del que produce en sus tierras?, del arrendador o, arrendatario de las mismas?
- Del que vende, transporta y exporta?
Digo, por que en materia de quien la consume, desde abril del 2009 ya se dio una reforma que despenalizó la posesión de drogas para adictos y consumidores ocasionales hasta cantidades específicas, y da prioridad al tratamiento de la farmacodependencia, ordenando a la Secretaría de Salud el establecimiento de un programa nacional para combatir este problema.
De acuerdo con esa reforma, el Ministerio Público no podrá ejercer acción penal cuando la persona tenga en su poder hasta 500 miligramos de cocaína; 5 gramos de cannabis o mariguana; 40 miligramos de metanfetamina; 2 gramos de opio o 50 miligramos de heroína, entre otras drogas.
Actualmente, la pena mínima es de 10 meses a 1 año 4 meses de cárcel cuando una persona que nunca ha sido acusada de este ilícito tiene hasta 250 gramos de mariguana o hasta 25 gramos de cocaína.
Pero de acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones realizada a finales del 2008, en México alrededor de 4.5 millones de personas han probado alguna vez una droga. De ellos el 21.5% (casi un millón de personas) lo ha hecho de manera experimental; 13% (alrededor de 585 mil) declaran ser consumidores frecuentes; y de estos últimos, el 3.2% (alrededor de 19 mil) presentan algún síntoma de dependencia a algún narcótico.
¿A cuanto habrán incrementado los indicadores de ese año a la fecha? dado que el estado de las cosas-según el anuncio reciente- no presentan un panorama de recuperación, sino todo lo contrario, nos visualiza uno desalentador donde se desvisten los programas que intentan la “rehabilitación” de generaciones de jóvenes adictos, dejando al descubierto que la danza de millones supuestamente destinado a una programación asistencial hacia las organizaciones civiles y de índole espiritual, han resultado incipientes, cuando aun no conocemos de estadísticas de recuperación y de integración a la sociedad y, solo sabemos mediáticamente de las matanzas suscitadas en algunos de esos Centros de rehabilitación que no han quedado exentos a la andanada de violencia .
Luego entonces; ¿legalizando la droga se acaba con la delincuencia?
No lo sé. Pero lo que si creo es que el problema de la delincuencia va más allá de los negocios de las drogas.
Cuando no hay fuentes de empleo, cuando no hay cultura, cuando los programas educativos siguen caminando sobre ruedas de carreta de esas que utilizan en los pueblos mientras que los “apoderados del sector educativo avanzan en “hoomers”; cuando no hay bienestar entre una sociedad civil, cualquier excusa es buena para conculcar las normas y promover leyes ad hoc a las circunstancias de cada gobierno.
Por otro lado; los “intereses de aquellos que se promovieron en tiempos electorales como “los representantes del pueblo”, están resultando expertos en la promoción de “distractivos” cuando los verdaderos asuntos coyunturales siguen postergándose en calidad de “congelados” ante la falta de consensos y también de conciencia de la mayoría de los integrantes de esas camarillas electorales que viven un revanchismo prolongado identificado en cuestión de siglas y no con ciudadanos.
Creo que se está abordando un tema de manera muy abstracta. En principio para incursionar al debate debe tenerse muy claro el concepto. Cual es la propuesta a debatir?
Legalizar las drogas, ¿Cuales?
las denominadas blandas? o todas.
Siguiente, que entendemos por la Legalización; que puedan ser distribuidas libremente y con receta medica?.
O, acaso nos van a querer convencer de que “regulando” el mercado como en el caso de las vinaterías y expendios de cerveza que se cobran millonarias “licencias” y se obtienen además jugosos impuestos por este orden, con ello redujeron los índices de alcoholismo que también ha generado miles de muertos y actos de violencia que han deteriorado la seguridad e integridad de las familias mexicanas?.
Por supuesto que no, entre mas expendios de vino y cerveza hay mas “aguajes” clandestinos, aunados a los “revestidos” de “tiendas de autoservicios” que hay en cada esquina planificadas complacientemente por autoridades de todos los niveles, de frente y al lado de planteles educativos, guarderías, hospitales y templos religiosos.
Pues bien, el presidente de Mèxico ha dado la pauta y ya está en la mesa del debate tan espinoso asunto, uno de los grandes conflictos que hoy nos mantiene en la mira internacional como país, observado por aquellos en donde no alcanzan ni siquiera a compartir experiencia ante la nulidad de los efectos esperados.
Que sigan debatiendo pues, los de la derecha, los de la izquierda o centro y también los ecológos, que se ocupen que se distraigan o no, lo cierto es que los ciudadanos de las grandes familias de este país no podemos quedarnos al margen o, a expensas de quienes “nos representan” en los congresos y en el senado, también deberán escucharse sus voces y alzarla cuando se trate de exigir mejores oportunidades para las generaciones del presente y el futuro.
Que no se baje la guardia pero tampoco las cifras destinadas a los programas educativos, culturales y de campañas de valores que le inviertan a las familias, que no titubeen en promover ofertas laborales que incentiven a los futuros profesionistas y al mismo tiempo que generen ocupación a quienes no han tenido la oportunidad de estudiar, principalmente, que no perdamos la fe en nuestras familias.
Que los gobiernos y legisladores hagan su parte, la nuestra, que siga siendo esa gran batalla diaria por defender y fortalecer el valor de la familia desde nuestros hogares.
Gracias por su atención.
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